¿Deben ser los Museos Divertidos?

Hace bastante tiempo que tengo resuelta dicha pregunta, es más ni me la planteaba hoy en día, puesto que, opino que sí, un museo debe ser divertido, sin embargo, hace unas semanas, mientras escuchaba una ponencia sobre museos, las dudas me surgieron al oír de boca de una persona perteneciente a la Administración cultural que:

“un museo no tiene o no debe ser divertido”.

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En ese momento me impactó la rotundidad de esa afirmación y comencé a reflexionar, de ahí surge este post.

Ahora os pregunto, realmente ¿un museo tiene que ser divertido?

Por lo pronto, la opinión de dicho orador me pareció altamente obsoleta y si lo analizamos puede que pertenezca a cierto grupo de funcionarios con pensamiento afincado en el pasado, en el que su ideal acerca de lo que es un museo, aún se sitúa en la línea en la que el visitante debe acercarse a dicha institución con más devoción y respeto temeroso que como un lugar a donde se va a adquirir conocimientos de diferente modo, ya sea por medio formar o no formal.
Debo decir también, que la frase fue apoyada, además, con el hecho de asociar el que un museo sea divertido con que llegue a ser un parque de atracciones, una feria o un circo, lo que me llegó a indignar bastante, aunque esas no fueron las únicas perlas soltadas por nuestro ponente.

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Añadir, que dicho funcionario pertenecía al terreno de los museos de Bellas Artes, aunque en gran parte se ha perdido la visión contemplativa y se están introduciendo nuevos avances transmisores de conocimiento y comunicaciones, nadie está libre de escuchar de vez en cuando argumentos de este tipo, de boca de personas poco actualizadas y fuera de las corrientes renovadoras actuales.

Antecedentes: Museos de Ciencias vs Museos de Artes.

¿Son los museos de ciencias más divertidos que los de Bellas Artes ?

Creo que, tomando como punto de partida la citada frase inicial, el ponente expresaba a través de ella su disgusto hacia los museos de ciencias, o hacia aquellos lugares que van más allá en cuanto a la trasmisión de conocimientos y que no se acomodan al concepto de Museo de Arte tradicional.

Los Museos de Ciencia y Tecnología, tal vez puedan verse como meros contenedores de instrumentos científicos, donde en muchas ocasiones las piezas son simples reproducciones a las que se puede acceder sin límites, libremente. Por ello, por el carácter práctico que ha tenido la Ciencia desde sus inicios, sólo el acceder a esos saberes desarrollando este tipo de actividades hará que comprendan mejor los contenidos y que éstos ejercicios se desarrollen de forma entretenida, probando las facultades del público.

Por regla general, parece que los Museos de Ciencias se han establecido o proclamado como museos divertidos, donde acudir a pasar el día en compañía de la familia, amigos o niños, es considerado como éxito asegurado en materia de entretenimiento y diversión en el museo.2013-03-31-16-15-35
Son los que desde sus inicios han desarrollado más actividades para el visitante y los que se preocupaban por hacerlos volver, ya que, aunque su colección en muy pocas ocasiones variaba y era repetitiva, estudiaban el modo de cómo hacer regresar a los visitantes por medio de iniciativas que les entretuvieran y les hicieran partícipes del museo y de lo que en él se encontraba.

Por otro lado, los Museos de Bellas Artes han albergado entre sus muros obras que desde el principio sólo permitían la contemplación de las mismas, sin vincular al visitante con ellas, sin hacer posible llegar a los objetos de una forma directa o indirecta. Sólo desde hace algunos años, se ha comenzado a realizar ejercicios que implican la participación activa del público con la obra pictórica, realizando diferentes sistemas de comunicación y tráfico de conocimiento entre el objeto en sí y la persona que se interesaba por conocerlo.

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Así pues, cuando los Museos de Ciencias, ya tenían prácticamente asentado este sistema, los Museos de Artes comenzaron a realizarlos, incluso a imitación de los primeros, con la diferencia de que el objeto a aproximar y estudiar no podía ser manipulado directamente como los científicos.Por lo tanto, aunque los Museos de Arte comenzaran más tarde en la tarea de entretener o divertir al público, hoy en día podemos experimentar ésto mismo tanto en unos como en otros.

La diversión no está reñida con el aprendizaje.

En este punto, y tras haber resumido mucho lo que pudo ser el inicio del entretenimiento en los museos, me gustaría hablar sobre el aspecto de la diversión en los museos.

El hecho de que existan personas actualmente, que consideren disfrutar en un museo está mal, o comparar la diversión con encontrarse en un Parque de atracciones, es como asociar que los museos que son capaces de entretener a los visitantes no son capaces de enseñarles nada.

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A pesar de desempeñar sistemas educativos ligados a métodos menos tradicionales, como pueden ser los que se emplean en las enseñanzas obligatorias (escuelas, institutos, universidades, centros de enseñanza…), no significa que en el trascurso de la actividad lúdica y con su fin, se entre y se salga por la puerta del museo sin haber aprendido nada de lo que allí se muestra. Simplemente se tacha a este factor de no poder unirse al aprendizaje o que no se aprende al divertirnos.

En Respuesta a la pregunta.

A pesar de haber dudado a priori, y reafirmándome de nuevo, sí, creo que los museos deben, tienen que ser divertidos. No por ello significa que sean peores o que no se tomen en serio su trabajo. No se trata de banalizar una institución por el hecho de hacerla amena, entretenida y divertida al público que acude a ella.

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La afirmación de la persona que escuché era errónea. Su pensamiento se centraba más en creer que por serlo, un museo pierde su finalidad o sus principios. Recordándolo, pienso que su museo ideal sería uno en el que el silencio invadiera las salas y donde a los niños se les reprimiera en el mismo momento en el que abrieran la boca simplemente por intentar satisfacer su curiosidad, cortándoles las alas en dirección a lo que les rodea.

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Los museos tienen que divertir con actividades que relacionen el contenido y el contenedor museológico con el público, con ejercicios previamente estudiados y con un fondo científico y argumentado, sabiendo y teniendo presente lo que se quiere mostrar acerca de lo que se les presenta a los usuarios. Conocer el nivel intelectual de aquellos consumidores de cultura y analizar al público sobre sus intereses por el museo y por la cultura a la que se aproximan,  incrementará el poder de atracción no sólo a nivel lúdico sino también a nivel intelectual.

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